La memoria tiene que almacenar, entre otras cosas, claves de acceso para nuestra cuenta bancaria en internet, nombres de usuario y contraseña para acceder a una página web o a un servicio online, o combinaciones de números y letras para desbloquear el teléfono y la compu. Recordar esta información es fundamental para mantener nuestra seguridad y privacidad pero, suele ocurrir, la olvidamos o ni siquiera recordamos dónde las anotamos. Pero estas son sólo algunas de las informaciones frecuentes de nuestra vida en las que tenemos dificultades para almacenarlas mentalmente.

“En estos casos nuestra mente funciona como un colador, que no es capaz de retener el líquido que se vierte dentro de él, impidiendo su aprovechamiento”, dice el español Miguel Ángel Vergara, campeón del mundo en memoria rápida, quien junto a José María Bea (maestro internacional en memoria rápida y subcampeón de España de memoria de fondo) fundaron la Escuela de la Memoria.

“Memorizar nombres de usuarios, contraseñas y claves de acceso electrónicos no sólo es complicado, sino que, además, lo hace más difícil el tener que cambiar contraseñas con regularidad y no poder repetir las anteriores”, amplía Vergara. ¿Hay alguna recomendación? ¿Algo que nos ayude a no sufrir estos olvidos? Aquí van algunos consejos prácticos:

-¿Dónde dejé las llaves? El principal problema es que nunca llegamos a memorizar esa información: la rutina va en contra de la memoria y es importante, en este caso, hacer consciente el lugar en el que las dejamos.

-¿Cómo te llamabas…? Hay que prestar mucha atención cuando la persona diga su nombre, pidiéndole que lo repita si no lo entendimos bien. Posiblemente sirva pensar en algún conocido con ese mismo nombre.

-¡Uy, vine al supermercado y me olvidé la lista de compras! Para evitar que el listado se convierta en el motor de nuestro paseo de compras, la recomendación es elaborar una historia con cada elemento de la compra relacionándolo con el siguiente. Por ejemplo: llego al súper y la cara se me pone colorada como un tomate, tal vez una lechuga me refresque; y si no, será algo frío, como una botella de agua buen fría o algo helado, como un articulo congelado. Y si aun así esto no huele bien, mejor desodorizar el ambiente con algún químico de limpieza: y si hablamos de limpiar, qué mejor que jabón, shampoo y desodorante para lucir impecables.

Un relato que es bastante bizarro aunque no menos eficaz, que al cabo es lo que importa.

-¡Lo tengo en la punta de la lengua! Algo se nos vino a la mente y cuando lo íbamos a decir se fue. Son ideas fugaces y lo mejor es anotarlas en un papel o en el celular. Esto tiene doble efecto: al escribirla, se fija en nuestra mente y ya no es tan fugaz. Y, llegado el caso, si el olvido persiste, ya está anotada.

La memoria puede fallar, claro, y a veces en los momentos menos oportunos. Pero de cualquier manera, siempre hay que tener en cuenta algo fundamental: cuando algo no se memorizó bien, será mucho más difícil recordarlo.

 

Viajar estimula el cerebro

Está demostrado que las actividades de ocio, como por ejemplo viajar, generan efectos positivos para la salud del cerebro. Y la planificación de un destino turístico es algo que estimula la actividad de la mente a tal punto que, luego, las rutas y los recorridos fluyen solos, sin la necesidad de hacer un mayor esfuerzo por recordarlos. Por eso, más allá de la comodidad que aporta, el GPS o los mapas en los celulares a veces juegan en contra, porque simplifican la tarea y “achanchan” la posibilidad de nuestro cerebro de trabajar, expandir su conocimiento y estar entrenado para no olvidar.