¿Tal vez sea sólo una infección? ¿O una tos que el niño se contagió en algún momento en el jardín de infantes y de pronto lo hace respirar agitado? Puede que el pequeño haga un sonido de silbido al exhalar, o tosa permanentemente aunque no tenga ni fiebre ni esté resfriado o que, al jugar, de pronto parezca que le falta el aire. Si aparecen estos síntomas, es bueno consultar a un especialista, porque el niño podría tener asma bronquial.
Hay niños que tienen este tipo de asma alérgico y presentan los síntomas durante toda la infancia o incluso hasta ser adultos.
También puede afectar a un bebé a los pocos meses. Es más, es una de las enfermedades crónicas más frecuentes durante la infancia, explica la especialista Sonia Lämmle.
El término asma deriva del latín “asthma”, que a su vez proviene del griego, donde su significado es “jadeo”. Y es que el asma es una infección crónica que afecta el sistema bronquial. Genera una bronquioconstricción. La consecuencia es que, cuando una persona inhala, el aire va por la tráquea a las zonas respiratorias bajas, hacia los bronquiolos, donde se encuentran los alvéolos, que cumplen esa función tan vital de intercambio de oxígeno y dióxido de carbono. Allí es donde se filtra el aire que respiramos.
Si la mucosa bronquial se ve afectada por algún germen como las bacterias, hay pelitos muy diminutos que las atrapan y las vuelven a transportar hacia afuera, donde uno las expulsa tosiendo.
Pero si ese sistema bronquial se ve afectado por una infección crónica, los bronquios se contraen y el aire que inhalamos no puede ser completamente expulsado del pulmón. Inhalar cuesta y, por ende, la respiración breve, la falta de aire, la tos o la sensación de presión en el pecho pasan a ser síntomas típicos del asma.
También puede aparecer esa especie de silbido al exhalar, explica Frank Friedrichs, especialista de Alergología y Neumología Pediátrica en Alemania.
Los síntomas irrumpen de un momento a otro y luego se serenan, hasta que el paciente vuelve a verse expuesto a un disparador.
Podría decirse que esos disparadores se clasifican en dos grandes grupos: el asma extrínseco, alérgico, puede verse fomentado por algunos alérgenos como el polen, los ácaros o el cabello de los animales. En cambio, el asma no-alérgico suele tener sus causas en enfermedades virales de las vías respiratorias.
Otros disparadores pueden ser el tabaco, los gases residuales inhalados, el estrés o situaciones emocionales difíciles.
Además, si uno hace un esfuerzo físico importante, puede que las vías se enfríen al inhalar muy agitadamente. Si el aire está frío, puede disparar síntomas de asma. Es más, también puede suceder cuando se le hacen muchas cosquillas a un bebé y tiene un ataque de risa.
El sobrepeso también propensa estas apariciones, explica Lämmel. Si los niños son gordos, tienden a moverse menos, pero el movimiento es fundamental para el volumen del pulmón, por eso el sobrepeso y el asma no son una buena combinación.
Un consejo crucial: nunca haga que su hijo deje de ir a las clases de deportes si tiene asma. Es algo que el profesor debe saber y actuar de modo que el niño entre poco a poco en calor y no se sobreexija, pero es muy bueno que no deje de estar en movimiento.
El asma suele ser genético. Sin embargo, muchas personas no se enteran en toda la vida que tienen esa anomalía si no se ven expuestas a los disparadores.
dpa