El peón de campo Atilio Lipiante, más conocido como “Perico”, es el hombre de quien más se habla hoy en Maquinchao, a partir de un gesto honesto que tendría que ser natural pero que en estos tiempos parece una rareza.

Su madre sufrió un accidente días atrás en Maquinchao. Se quebró la cadera, y debía ser trasladada a Roca para una operación. “Perico”, que trabaja en un campo a 60 kilómetros del pueblo y apenas sabe escribir su nombre, fue a pedir ayuda a través de la FM “La voz del sur”. Explicó que no tenía dinero para el viaje y la estadía en el Valle.

Tras una campaña solidaria reunieron 13.500 pesos. Perico partió con su madre a Roca, la operación fue exitosa, volvieron a Maquinchao y el lunes pasado el peón reapareció por la FM a devolver 10.500 pesos que le habían sobrado. Allí aprovechó el micrófono para agradecer la ayuda de la comunidad. Y le explicó al locutor: “Mamá salió bien y se está recuperando, pero como me sobró plata y la estuve cuidando porque no es mía, se la quiero devolver… Algún otro puede necesitarla”.

“Descuenteme el día”

Atilio “Perico” Lipiante es un peón que trabaja en el campo lanero “Don Horacio”, de los hermanos Martín e Ignacio Apestegui, ubicado a 60 kilómetros al sur de Maquinchao.

Menudo, de piel oscura, ronda los 45 años y es muy difícil entenderle lo que habla, pese a que es bien locuaz cuando se suelta. Don Rubio, el encargado del campo, es su compañero y con quien comparte sus historias. Los dos llevan el manejo de las 5.000 ovejas y 500 vacas, moviéndolas de un cuadro a otro para que no les falte el pasto.

“Es pura honestidad”, dijo ayer Martín, al definirlo en tres palabras. Y contó que las veces que Atilio se queda en Maquinchao y tarda en regresar al campo, lo llama y le pide que le descuente el día del salario.

Un experto en el arreo de las ovejas

“Río Negro” conoció a “Perico” hace poco más de un mes, al realizar una crónica sobre la vida de los esquiladores. Allí, por afuera del galón, andaba de a caballo, bien temprano, arreando las ovejas hasta el corral.

Un gesto quizás alcance para definir al peón de quien hoy todos hablan.

Cuando la estancia Maquinchao se dividió y los hermanos Apestegui se quedaron con uno de los campos, también se decidió a dónde irían los peones. “Perico” quiso pasar a trabajar con ellos, según relató Martín. Y tras la aceptación, pidió una reunión para plantear cuáles iban a ser sus condiciones. Una bolsa de papa, otra de cebolla y un bolsón de yerba cada 4 meses. Eso fue todo lo que les exigió “Perico”.

(Río Negro)