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A 32 años de la famosa frase de Alfonsín “¡a vos no te va tan mal gordito, ¿no?!”, así vive Sergio hoy

C25N

(Clarín) “Avos no te va tan mal gordito, ¿no?!”. A 32 años de la famosa frase del por entonces presidente Raúl Alfonsín, ¿qué fue de la vida de Sergio Valenzuela, el “gordito” aludido? Ese día, el 4 de agosto de 1987 en Chos Malal, en Neuquén, Sergio Valenzuela tocaba el bombo en una agrupación de seguidores del club deportivo Alianza de Cutral Có.

Distintos partidos políticos los convocaban básicamente para crear ambiente de cancha. Por entonces tenía 33 años, era robusto y le decían “esqueleto”, cuentan en el pueblo, publica el diario Clarín.

Cuando llegó en un colectivo del MPN a un acto en Chos Malal, en el que iba intervenir el presidente Raúl Alfonsín, andaba con el estómago vacío y apesadumbrado por sus múltiples problemas económicos. Cuidaba a sus ocho hijos, y se ganaba el sustento haciendo changas.

Valenzuela no recuerda si lo habían empleado para apoyar o silbar al mandatario. “Yo en esa época no sabía lo que era una organización sindical y de política no sabía nada. No sé si estaba a favor o en contra, tampoco me importaba, yo tenía problemas de plata, laburo”, indicó al medio porteño.

 

Alfonsín estaba dando un discurso cuando se escucharon unos gritos persistentes. “No se trata….¡A vos no te va tan mal gordito! ¿No?”, le dijo el presidente aludiendo a la gruesa contextura física de quien le gritaba. Ese “gordito”, actualmente de 65 años, era Valenzuela.

“Yo le estaba diciendo de todo: ¡tenemos hambre! No paraba de ‘putearlo’ y gritarle que no había comida, no había trabajo, yo estaba ahí y me dije ¿cuántas veces voy a tener la oportunidad de encontrarme con el presidente? Porque eso lo sé, cuando son candidatos los ves y después no los agarrás nunca más”, indicó.

Sus compañeros de comparsa lo felicitaron por la osadía, pero horas más tarde la Policía de Neuquén comenzó a buscarlo bajo el cargo de “desacato a la figura presidencial”. “Anduve 10 días escondido porque tenía miedo. Le había faltado el respeto a Alfonsín y me daba miedo. Al final dos periodistas de la revista Gente me convencieron de que me entregara y que ellos me iban a acompañar. Fui hasta la comisaría y estuve detenido 10 días. Me trataron bien, los policía me felicitaban, aunque me dejaron aislado, no pude ver a mi familia”, relata.

Después de la cárcel Valenzuela regresó a lo suyo. Al bombo, a la venta ambulante, a la changa y a la venta de metales. Pero su persona fue adquiriendo en Cutral Có el aura de una leyenda. Se convirtió en la persona que se había atrevido a increpar a un presidente para recordarle lo mal que estaban las cosas en el sur.

Pero Valenzuela dice que nunca se dejó tentar con un partido. “No le creo a la clase política, por eso me mantuve apartado, me han ofrecido cargos pero los rechacé”, reflexiona

 

Gremialista

A principios del 2000 se convirtió en secretario General de ATE de las localidades de Cutral Có y Plaza Huincul y desde entonces mantiene el cargo. Tampoco ha dejado el resto de sus numerosas actividades comerciales. Con 12 hijos, producto de tres parejas, 25 nietos, ocho bisnietos, no descansa.

Trabaja en el municipio de Cutral Có, en el sector de señalización urbana. Además es vendedor ambulante y elabora relojes artesanales con su pareja en su casa.

“Me levanto a las 6 y hago de todo. Trabajo con los compañeros del municipio, atiendo a la gente, el gremio me lleva mucho tiempo, después salgo a vender a la calle, me duermo una siesta y sigo, me acuesto como a la 10 de la noche”, explicó.

En 1993, un productor del humorista Jorge Ginzburg lo llamó a Cutral Có y le propuso juntarse en los estudios con el entonces expresidente Alfonsín. La reunión ocurrió en el programa Peor es nada que conducía el fallecido humorista. Fuera de cámara, Alfonsín le dio a Valenzuela su dirección postal para que se comunique ante cualquier problema.

“No había mail, ni WhatsApp. Le escribí al final porque andaba con problemas de trabajo, plata, necesidades. Le pedí ayuda. Después me llegó una carta devuelta, era de su secretaria personal, Margarita Ronco, y decía que el doctor Alfonsín había dado expresa orden de ayudarme y colaborar en lo que yo necesitara”, contó.

Durante años Valenzuela se negó a confesar cuánto dinero le enviaba esporádicamente el ex mandatario, pero ahora le dijo a Clarín: “No era mucho, era plata para comprar comida, serían unos 5.000 pesos de ahora y lo hizo como cuatro veces. Yo le mandaba una carta y él me mandaba un giro telegráfico”.

Alfonsín y Valenzuela se encontraron nuevamente en el Comité de la UCR en Buenos Aires en 1995 y otra vez en el club Alianza en Cutral Có.

Cuando el 31 de marzo de 2009 se enteró de su muerte, Valenzuela sintió que había perdido a un amigo. Para entonces hacía años que no le escribía cartas desesperadas.

A sus 65 años asegura que está muy lejos de jubilarse. “Creo que los delegados gremiales tenemos una extensión, no sé realmente, igual no podría dejar de trabajar”, dijo.

“Cambié mucho desde que le grité a Alfonsín, aprendí mucho. Ahora soy un tipo calmado y cuesta que me saquen. A veces no más me salta el indio. No me dejo agredir, ni que digan que soy un ladrón”, indicó.

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