Alimentos agroecológicos: la historia de las mujeres de Río Colorado que cambiaron el sistema

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Por María Julieta Calí (INTA Alto Valle)

No es una novedad que las acciones colectivas impactan con más fuerza que las individuales. En lo que atañe a modelos de producción, comercialización y consumo más respetuosos de la salud humana y el ambiente, algunos grupos de productores, técnicos y consumidores de todo el país están “tomando la posta” con experiencias basadas en la agroecología y la soberanía alimentaria, y modos de intercambio en formato bolsón o canasta que ya tienen un destinatario fijo antes de salir a la venta.

Tampoco es una novedad, aunque tal vez muchos no lo sepan, que la mayoría de los agricultores/as familiares no son dueños de la tierra que cultivan. Por ese motivo es tan necesaria la formación de redes, nodos o cooperativas de consumo, para que este sector pueda proyectar a mediano y largo plazo su conversión a otro modelo productivo y sepa que la venta de sus alimentos estará garantizada.

El otro pilar es el aporte de las instituciones del Estado y las organizaciones de la sociedad civil y la economía solidaria como clave para facilitar el acceso a herramientas técnicas, conocimiento e insumos para la transición y la sostenibilidad de estas nuevas formas, así como a los aspectos comunicacionales de marca, difusión y packaging y a la vinculación con otras familias de productores y consumidores.

A todo eso, la pregunta obligada es: ¿Y si nos organizamos en los lugares donde no hay redes y para ello aprendemos con las que ya están funcionando? ¿Cómo y con quiénes lo hacemos? La experiencia de Río Colorado nos puede dar una clave.

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En busca de una mejor alimentación, un colectivo de mujeres de Río Colorado generó, junto a familias de productores y consumidores, el INTA y la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) un cambio radical en los modos de producción y consumo en su Comarca.

Corría el mes de enero de 2019 cuando se acercaron a la sede de la Agencia de Extensión local con el pedido concreto de que el INTA las ayudara a garantizar una producción sin agroquímicos de frutas y verduras frescas, para poder ejercer su derecho a la “soberanía alimentaria”. Ellas ya se habían organizado bajo el nombre “Comuni saludable” y entre otras acciones realizaban compras conjuntas de alimentos agroecológicos y orgánicos que venían desde lejos y eran muy costosos. Un día se preguntaron: “si en nuestro pueblo de larga tradición chacarera contamos con una producción diversificada, ¿por qué no trabajar aquí sin remedios sintéticos y a un precio justo?”

“Así comenzó todo”, cuentan Antonia Devesa y Karina Zon, técnicas del INTA. “Arrancamos inmediatamente con un curso de soberanía alimentaria y agroecología para productores y consumidores. Y recibimos la visita de referentes de la red ‘Alimenta’ de Viedma –también mujeres- con gran trayectoria en el tema, para que conversaran sobre su experiencia de compras conjuntas junto al ingeniero Nicolás Seba, quien acompaña desde el INTA a un numeroso grupo de agricultores en el Valle Inferior de Río Negro”.

Al principio asumieron el desafío dos familias hortícolas, cuatro frutícolas y una apicultora y luego se sumaron cuatro hortícolas más. El INTA realizó el asesoramiento profesional en los primeros meses de transición al cultivo sin agroquímicos, y actualmente el aporte institucional se centra en aspectos organizativos y de logística, ya que los productores se nuclearon a la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), formada por familias campesinas que trabajan en torno a los ejes de la soberanía alimentaria, el comercio justo y la agroecología, con bases y capacitación en todo el país.  De esa manera se complementaron los aportes de ambos y se pudo avanzar rápidamente.

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El día más esperado

En la mañana del 23 de enero de 2020, desde un galpón al rayo del sol abrasador de Río Colorado -donde la sensación térmica a veces supera los 45 grados-, tres mujeres armaban los primeros bolsones, pesando y fraccionando todo lo que acercaban los productores. “Con mucho esfuerzo pero gran alegría”- comenta Ana Sirochi, encargada de comercialización de la UTT- “salieron a la venta los primeros sesenta bolsones con verduras, hortalizas y frutas frescas cuidadosamente seleccionadas”. Todos con destinatario fijo: algunos fueron adquiridos por la comunidad de mujeres mencionada y otros por consumidoras y consumidores que se sumaron a apoyar y sostener en el tiempo este nuevo modelo.

“La periodicidad de las entregas es mensual y en general oscilan entre los 10 y los 7 kilos, a un costo de 500 y 300 pesos respectivamente, salvo en temporada otoño invierno, donde merma la oferta debido a que los productores no tienen la posibilidad de desarrollar tecnologías bajo cubierta”, agrega Ana, y destaca que “siempre contienen productos de estación, porque no se fuerzan los procesos naturales”. Junto a ellos se incluye un folleto explicativo sobre el objetivo que moviliza este proceso: proveer alimentos sanos para la tierra, para quienes los producen y para quienes los consumen, a un precio justo.

Aunque la variedad aún no es tan numerosa porque los agricultores todavía se encuentran en proceso de reconversión y diversificación, se ofrecen de manera opcional miel, hierbas aromáticas y vino de producción local y se incorporaron productos que no hay en la zona y que son generados en otras bases de UTT, como yerba y maní. Incluso en los últimos meses se pudieron comercializar e intercambiar cítricos de Entre Ríos y Tucumán y bananas de Salta, y desde Río Colorado y Viedma se enviaron zapallos y cebollas a Buenos Aires y Chubut.

Nuevos maestros y modos de intercambio

Un capítulo aparte merece el crecimiento personal y colectivo de las familias productoras, que en poco tiempo y a pesar de la pandemia pudieron mantener el modelo al que se “arriesgaron” pese a ser arrendatarios, con su esfuerzo y el apoyo de consumidores leales, el acompañamiento institucional del INTA y su inclusión en la Unión de Trabajadores de la Tierra. Al estar conformados como base de esa organización, participan en sus talleres del Consultorio Técnico Popular (COTEPO) y actualmente tres de ellos -Juana, Nadia y Arnoldo- enseñan e intercambian con sus pares lo aprendido en el camino hacia la agroecología como técnicos formadores.

El caso de Arnoldo Jurado es digno de destacar, ya que siempre soñó con estudiar y los avatares de la vida se lo impidieron. Hoy siente que cumplió su sueño. “Ahora nosotros, los mismos productores capacitamos a la par de los ingenieros, podemos tomar la palabra y todos aprendemos”, asegura.

Conciencia, compromiso y política pública

Escuchar la voz de los consumidores es clave para comprender sus necesidades, temores y motivaciones, porque sin su participación y compromiso cualquier iniciativa se transforma en una mera expresión de deseos.

Como integrante del grupo de mujeres que encendió la mecha para hacer agroecología en Río Colorado, Analía Álvarez opina que “esto dejó de ser una moda y debemos encontrar el verdadero sentido de la alimentación”. “El secreto -asegura- está en el conocimiento de por qué y para qué comemos, qué estamos consumiendo y en nuestra autonomía para decidir. Sabemos que si el producto no tiene tóxicos contiene mejores vitaminas y minerales, que si es de estación tiene la energía de la tierra que necesitamos”.

“Por eso –acentúa- “el trabajo de producción agroecológica que se realiza aquí es muy importante ya que nos garantiza una alimentación sana con el seguimiento de profesionales del INTA”.

También comenta que desde su comunidad se trata de crear conciencia para que sus miembros adquieran el bolsón por ser alimentos frescos y sanos que se cosechan y reparten en el mismo día a un precio comunitario muy accesible.

Por su parte, Patricia Ambrosetto, quien compra el bolsón desde el momento cero y participó como voluntaria en los comienzos de esta aventura opina: “lo que se generó me parece fantástico. Es una semilla, un comienzo. Aunque todavía nos falta mucho para ser soberanos alimentariamente, algo nuevo está naciendo en cuanto a tomar conciencia de que tenemos que volver a la tierra, a la huerta, a las raíces”, destaca.

No obstante esto, expresa algunas inquietudes: “Por un lado, esperemos que esta iniciativa siga recibiendo apoyo y la red pueda crecer”.

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“Por otro -puntualiza- me preocupa que los productores se cansen, porque no solo enfrentan la problemática de la tierra sino que se están quedando sin agua en los canales para regar. Por eso  fundamental que haya más política pública que favorezca este modelo y a las familias agricultoras que nos alimentan, en su mayoría de la comunidad boliviana”, afirma.

Para Patricia el rol del consumidor es “apoyar, acompañar, divulgar, convidar para que no se corte la cadena”.

“Pero -advierte- esta es una rueda muy grande donde ojalá todos aportemos algo, donde haya planificación para sostener, para poder abrir el abanico de productos y que no se tiren más tóxicos en nuestra zona productiva. Debemos decir basta a los agroquímicos porque hay otras opciones. Es un derecho y tenemos que hacerlo valer”, enfatiza.

Volviendo al inicio de esta nota… ¿qué tan lejos estamos de pensar y fundar las bases de nuevas comunidades de consumo que incluyan a nuestros productores locales, que garanticen una producción agroecológica local más respetuosa de la salud, la biodiversidad y el ambiente? ¿Por dónde empezamos?

Un bolsón de oportunidades

Desde la Agencia de Extensión del INTA local, la ingeniera Karina Zon afirma que “los bolsones son el complemento perfecto de la agroecología, porque con esta forma de comercialización se puede planificar la producción y adaptar variedades y especies a los gustos de los consumidores que se comprometen a comprarlo periódicamente”.

“Además- resalta- el productor puede fijar un precio justo, tener un ingreso fijo, y en la chacra no se tira nada porque no se requiere tamaños comerciales”.

Como síntesis, explica que “para entender este modelo basta saber que la prioridad está enfocada en el cuidado de la salud y el medio ambiente: por un lado, en que los alimentos no contengan agroquímicos y, por otro, en que contribuyan al equilibrio ecológico y a la biodiversidad”.

Para mayor información, propuestas o inquietudes escribir a cali.julieta@inta.gob.ar

 


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