Abusos. Víctimas de La Moto: “Sentí alivio cuando murió el Mono Salvi”

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Abusos. Víctimas de La Moto: “Sentí alivio cuando murió el Mono Salvi”
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Dos hermanas contaron a LMN los abusos que sufrieron cuando tenían 7 y 12 años, por parte de Rodolfo Salvi y Esteban Rulo Salvi.

Sí, necesitaron que los hombres que las abusaron hace más de veinte años se mueran para poder hablar. Mientras para toda la comunidad del rock y la cultura, la muerte del cantante y líder de La Moto, Mono Salvi, fue una “enorme pérdida”, para dos hermanas de Neuquén significó un desahogo y el incipiente cierre de una etapa plagada de silencios, ocultamientos, miedo e inseguridad por no poder denunciar a quienes, ante la sociedad, eran ícono de la música.

Ambas, que mantienen vínculos familiares con la familia Salvi, contaron a LM Neuquén lo que vivieron, sintieron y transitaron los últimos años. La más grande de ellas denunció que fue abusada por Rodolfo Mono Salvi en el año 1995, cuando tenía 12 años, y un año después por otro integrante de la banda. La menor denunció que fue abusada por Esteban Rulo Salvi cuando tenía siete años.

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“Murió tu abusador”

“Murió tu abusador”, decían los mensajes que el 2 de marzo fue recibiendo la hermana mayor por parte de personas de su entorno que conocían su historia. Como si la vida supiera, el día anterior a que el Mono Salvi muriera, ella había hablado sobre el tema con su papá.

“¿Fue un desahogo para ustedes cuando murió?”, preguntamos en la entrevista. Ambas responden al mismo tiempo y sus expresiones también muestran alivio y relajo: “Si”.

“A mí me avisó mi mamá cuando murió el Rulo. Yo sufría migraña y pensé que se había terminado en ese momento, pero siempre te queda algo ahí dando vueltas, yo no sé si lo voy a superar, no sé si se me va a ir del todo lo que siento”, aseguró la hermana menor.

“No hay que tapar más esas cosas”

Ambas hermanas se sienten liberadas al poder hablar del tema con un poco más de libertad. “Lo que hoy me arrepiento es no haber hablado antes, pero bueno, no lo hice por mi familia o a la vez porque no tenía ganas de enfrentarme a eso. Ahora que está muerto, me animo”, contó la mayor. “Pero no hay que tapar más esas cosas”.

“Para mí fue liberador, mal, porque es como que se cerró una etapa y las dos pudimos hablar. Nos quedamos calladas porque no podíamos hacer nada, no sabíamos qué hacer y tampoco pensamos que ese comunicado iba a trascender tanto”, dice la hermana más chica, en referencia a un texto titulado “No es uno, es toda la banda: La Moto abusadores y violentos”, en el que se recopilan diversos testimonios de hechos de violencia, violencia de género y abusos por parte de diversos integrantes del grupo musical, y que circuló en las redes sociales.

Las mujeres quieren que esto sirva de ejemplo para que otras se animen a hablar y que haya Justicia: “Que hablen en el momento, que no se callen más. Una vez que está muerto, sí, tenés una liberación, pero no las pagó, se lo llevó a la tumba”.

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Abusos intrafamiliares

“Yo estaba durmiendo, me desperté y (el Mono) me estaba manoseando. Yo me bloqueé, salí de la cama, me quedé en cuclillas pensando si me acostaba a dormir con Fito (hijo del Mono), pero pensé que lo iba a despertar y no quería”, contó la mujer a LMN. Ella estaba durmiendo en la misma cama con una amiga, familiar de Salvi, quien se despertó. “Ella enseguida lo empezó a cagar a piñas”, contó.

En el caso de su hermana, tres años más chica, denunció que a sus siete años fue abusada durante un asado familiar por Esteban Rulo Salvi, quien murió en el 2007.

Apenas le ocurrió a la mayor, se lo contó a su mamá y en la familia se instauró como “un secreto a voces”. Se sabía pero no se decía mucho. Se sabía pero nadie los enfrentaba. Para el afuera, La Moto seguía siendo la banda ícono del rock regional. “Compartíamos reuniones familiares hasta que a los 22 años me cansé de eso”, contó.

En el caso de la hermana más chica, también fue su mamá la primera que supo, siete años después de ocurrido el hecho. “Lo conté la primera vez a los 14 años. Estaba haciendo terapia porque tuve una etapa complicada en mi adolescencia, se ve que fue por eso, y lo pude contar. Le pedí por favor a mis papás que no hicieran nada, imaginate mis viejos lo que sintieron”, aseguró la mujer.

Y al poco tiempo, su mamá se lo encontró: “Mi vieja se lo cruzó en el centro a los días que yo le conté y él le dijo ‘No, yo no fui, fue mi hermano el Mono’. Se tiraban la pelota entre ellos”.

Ambas aseguraron que, en el caso de ellas, los responsables de los abusos fueron Esteban y Rodolfo Salvi, pero que el resto de la banda tenía conocimiento de lo que pasaba. “Una vez, en un recital de La Renga se acercaron como para saludar. Cuando me vieron, sabían quién era yo y mantuvieron distancia”, relató la hermana mayor, quien al mismo tiempo subrayó la importancia de despegar del hecho a otros familiares. “Los chicos, sus nietos, son divinos. Ellos no tienen que pagar lo que hicieron ellos dos. Los chicos son hermosos”, aseguró.

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El ex armoniquista le dio una golpiza a su pareja

“Me desperté a las 7 para ir a laburar y este energúmeno estaba descocado. Me tiró de la cama agarrándome de la muñeca izquierda, me arrastró por el pasillo, pasé por delante de la otra parte de mi casa, ahí me pateó el muslo y me pisó el empeine”, relató una mujer que fue víctima de violencia de género por parte de su entonces pareja, Adrián Pérez, quien era en ese momento el armoniquista de La Moto.

Producto de la brutal golpiza, ocurrida en abril del 2018, la mujer sufrió 19 moretones, siendo el más grande uno de 19 por 20 centímetros en su muslo izquierdo. Los gritos de pedido de auxilio alertaron a sus vecinos, quienes no dudaron en ayudarla. “Decí que mis vecinos son una masa y la Policía también me trató bien a mí”, confió la mujer, que incluso comentó que una de las policías mujeres se ofreció como testigo “por el estado en el que estaba él”.

“Mis vecinos se ofrecieron todos como testigos. Los músicos locales, los productores y muchísima gente me acompañó, ni hablar de mi familia y amigues”, expresó.

Ella pudo denunciarlo. No sólo ante la Oficina de Violencia de Género, sino también en la fiscalía neuquina. “Yo no les tengo miedo porque a los cagones no hay que tenerles miedo. Hay que saber enfrentarlos. Yo los enfrenté por el lado que consideré, que fue la Justicia”, sostuvo y aclaró que a Pérez le dieron una suspensión de juicio a prueba (probation) por el plazo de dos años, dictada en febrero del 2019.

“Estas cosas se tienen que hacer públicas. Gracias a Dios en el mismo instante en que sucedió, me lo saqué de adentro. Pero si una víctima se anima a contar lo que le pasó, no hay que poner en duda su relato, sino escucharlas”, sentenció la mujer, quien agregó: “Me sentí súper contenida, respaldada y acompañada por la Justicia”.

Por Ailín Trepiana y Natalia Pérez Pertino

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